lunes, 22 de abril de 2013

8º día, San Francisco

Está claro que cada ciudad es un mundo y eso me está quedando bien claro en cada etapa del viaje-tour que me estoy metiendo.
Tras la parada en las Vegas, hemos cogido un avión que en menos de dos horas nos ha dejado en San Francisco, ciudad para nada convencional (si hablamos en términos americanos), mucho más parecida a un sitio europeo, tanto es así, que las primeras horas que he pasado aquí tenía la sensación de estar más en Holanda o Bélgica que en U.S.A.

San Francisco, como cada lugar, tiene sus hábitos que debes aprender para poder estar en ella, como es el caso de los transportes, al haber varias compañías dedicadas a ello, nosotros decidimos que la Muni era para nosotros la más adecuada porque tiene pase de tres días para autobuses, metro, tranvías y demás por $22, (en un kiosco al principio de Powel St) y te despreocupas.











Tras hacer ese tipo de gestiones hemos ido directamente al Castro para que me callara, barrio que, como ya sabía de antemano, me ha encantado. La amabilidad de sus gentes y la libertad que se respira en él es latente, ya podría aprender algún barrio de este tipo que hay en Europa llenó de maricas estúpidas divas que se creen algo.
Por esta calle hicimos lo típico, visitar el 575, tienda donde puso Harvey Milk su tienda de Fotografia, nos tomamos unas cervecitas en lo que era el Elefante Blaco, llamado ahora el Harvey's y otras en el Twin Peaks, que por lo que se ve es el primer bar gay que puso ventanas a la calle. Como me hubiera gustado pasearme por esta calle con Dani, que si le estoy echando de menos en este viaje mucho más de lo permitido, en este caso ya era exagerado, como se hubieran muerto de la envidia todas las maricas de la zona, además, no me hubieran acosado en los transportes públicos, porque que fácil es ligar en esta ciudad, si lo hubiera sabido yo de joven... me hubiera mudado.





























Elena e Inés tienen una teoría, dicen que esto es un poco como Londres pero con buen tiempo, por la mezcla de razas, los atuendos tan dispares del populacho etc... puede que tengan razón, pero yo tengo algo que añadir, creo que la gente aquí no vive tan hacinada como en aquella ciudad, aquí reparten mejor el espacio, por lo tanto se vive más a gusto.

De ahí nos hemos ido a cenar algo a un Kentucky Fried Chicken muy cutre que hay cerca del hotel, y a la camita, que menuda paliza llevamos en el cuerpo, pero muy bien amortizada, ya hemos alcanzado el ecuador de este viaje y, de momento, todo está saliendo más o menos bien.

Besos desde San Francisco.

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