martes, 16 de abril de 2013

3er día, San Diego y Tijuana

Ha llegado el día de dejar temporalmente Los Angeles, una vez solucionado el problema del coche, hemos tirado casi 200 km al sur hacia San Diego, ciudad en la que hemos dejado las maletas para adentrarnos, en contra de todas las recomendaciones, en Tijuana.

No lo teníamos muy claro, sobre todo después de que ayer Marie y sus amigos nos dijeron que era una locura, pero, ya sabéis como somos, nos gusta meternos en líos. Además, ¡como íbamos a estar tan cerca de Currito, Óscar y Miguel, unos amigos de Toledo afincados en la ciudad desde hace unos meses, y no saludar!, somos muy catetos y eso nos gusta hacerlo.

Así qué, con más miedo que siete viejas, hemos cruzado la frontera rumbo a México y allí hemos descubierto que nuestros temores no eran para nada infundados, si acaso nos quedábamos cortos. Madre mía que desastre de ciudad, hace unos años una guerra entre narcos la destrozó, todo lo que algún día pudo ser bonito, en la actualidad es una montaña de escombros, la gente allí no es para nada amigable, ves grandes cantidades de lo que denominamos chusma y el paisaje urbano es desolador, incluso nos hemos cruzado con una picup del ejército sobre la que iba un soldado con metralleta en mano. Edificios reconstruidos se mezclan con otros quemados, y destruidos, allí las casas se amontonan son ningún tipo de sentido creando un paisaje urbano desolador.






Por suerte, hemos encontrado a estos chavales trabajando en un restaurante propiedad de uno de ellos, Óscar, que está arrancando y parece que no pinta mal la cosa en sus principios, le deseo lo mejor, en serio, porque se lo merece. Si alguna vez tenéis un par y os pasáis por Tijuana, buscar La Mulata Ole, os gustará la comida y el ambiente.






Así qué hemos pasado la tarde con ellos, sobre todo con Curro, que nos ha contado sus peripecias por tan cruda ciudad, nos hemos comido unos Tacos auténticos, que, por cierto, ¿por que sabe todo más rico en sus lugares de origen?, cerca de la playa donde se ve la frontera que se adentra hasta el mar, y nos hemos despedido con un hasta pronto... que teníamos que volver a cruzar la frontera y nunca se sabe como van esas cosas.














Tras casi dos horas en la cola, supongo que algo habrán tenido que ver los atentados de Boston, hemos pasado sin problemas otra vez a la civilización, porque hay que ver como pueden ser tan diferentes dos ciudades a las que sólo le separan unos 20 km.

San Diego nos ha recibido con un paseo por su Gaslamp, al que espero volver mañana, porque, tras la experiencia en Tijuana me ha parecido Disneilandia y quiero comprobar si eso es así. Y hemos visto un Tren de la unión pacific de algo así como dos mil metros de largo, vamos, cosas que se suelen ver en la civilización, lugar en el que realmente me encuentro como pez en el agua.





Y a la camita que ya es hora.

Besos desde San Diego.

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